jueves, 13 de agosto de 2015

Capítulo cuatro de Samidak

Hola a tod@s, pues ya estamos en pleno agosto y después de unos días de vacaciones toca subir al blog el cuarto capítulo de mi novela Azul, el poder de un nombre. Samidak. Como ya anuncié (vuelvo a repetir este mensaje, lo siento si resulto pesada), cada mes publicaré un capítulo para ir abriendo el apetito lector, hasta que en octubre sea publicada ya al fin como libro (editorial Éride). De todas maneras, todo aquel de vosotr@s que lo desee, puede mandarme un mail con su dirección postal y le haré llegar, de manera gratuita, la revista publicitaria de mi novela, donde aparece el adelanto de los seis primeros capítulos que voy a ir colgando aquí mismo. Siempre es más cómodo leerlo en papel, así que os invito a que os animéis a pedirme esta publicidad de mi libro. ¡Disfrutad de la lectura!





CAPÍTULO CUATRO. LA DUDA SOBRE VERBACE

En Verbace la luz del día era especial. El que lo fuera radicaba en el hecho de que no había día realmente, al menos no como ocurría en otros planetas, acostumbrados a que con la caída de su estrella solar llegara la oscuridad. En Verbace, su cielo estaba compartido por un trío de pequeñas solares que orbitaban juntas y se superponían unas a otras iluminando el planeta. Por ello, nunca caía la noche en Verbace, no de forma natural, porque el trío de estrellas solares nunca dejaba que existiera una oscuridad total.
Podía pensarse que con tres soles la luz diaria de Verbace era muy intensa, pero no, todo lo contrario. Era una luminosidad que sólo llegaba a ser intensa en los días más calorosos, poco frecuentes en cualquiera de los hemisferios de aquel planeta. Lo normal era disfrutar de una luz verde, azulada o de un amarillo vivo.

A Boreal le gustaba no levantarse muy tarde, aunque no tuviera grandes tareas que atender durante su jornada. Su forma de evocar Irinia era despertarse temprano y poder empezar el día con las primeras luces de Verbace, aquella luminosidad azul de la mañana recién inaugurada.
Boreal tenía que recordarse, pese a todos los años que llevaba con su marido en Verbace, que Irinia quedaba muy lejos de allí, pero que tampoco era tan malo su hogar después de todo. Relajarse con la luz primaria de Verbace solía ser para ella todo un ceremonial. Aquel planeta, bajo la luz azulada, se le antojaba la visión más agradable de aquel paisaje y podía decirse que suponía la luz más auténtica y verdadera que se le ofrecía durante el día.
Después de esas primeras horas de luminosidad, la cúpula que cubría Verbace se ocupaba de regir la luz de toda la colonia y de generar hasta una falsa noche con pequeños brillos a modo de estrellas lejanas.
Verbace no constituía un planeta ampliamente poblado. Sólo el diez por ciento de su territorio lo estaba, y casi toda la población, a excepción de pequeñas comarcas agrícolas aisladas, se concentraba en la capital. Esa ciudad suponía una amplia extensión donde no sólo se ubicaban edificios de viviendas y gubernamentales, sino también y principalmente, el complejo de ocio y turismo más grande de la Federación. Sólo por ello la capital había sido rebautizada con el nombre de Urbe Relax en cuanto se construyó el centro del complejo.
La capital estaba cubierta por una inmensa cúpula que permitía que sus gobernadores regularan a conveniencia la atmósfera de la ciudad. El cielo de Verbace era hermoso cuando la cúpula no parecía tan omnipresente. Boreal respiró profundamente, forzándose a no olvidar eso y sobre todo que aquel día su aburrida rutina se vería alterada.

Kritias había marcado la jornada en el calendario porque iba a llegar a la ciudad una nueva patrulla de seguridad de la Federación. Este hecho en sí mismo no era relevante, al cónsul no tenía por qué afectarle el cambio de la guardia de seguridad del complejo, no entraba en sus competencias. Sin embargo, dentro de aquella nueva patrulla había una persona que sí tenía importancia en la vida de Kritias. Una oficial recién licenciada procedente de Zahirus y que respondía al nombre de Azul.

Boreal conocía demasiado bien a su marido como para no saber que él se había preocupado de seguir durante veintiún años, la evolución de aquella niña que había recogido en el planeta Antirios. Kritias se había esforzado por mantener oculta esa pequeña obsesión ante los ojos de Boreal, a sabiendas de que ya bastante sacrificio le había supuesto a ella renunciar a su apacible hogar en Tarinia. Era consciente de que Verbace suponía el castigo que a modo de destierro le imponía la Federación por su proceder en Antirios al recoger a Azul y llevarla hasta el corazón federativo.

Kritias nunca se sintió arrepentido de haber obrado así, pero sí culpable de haber abandonado a la niña ante la Federación. Boreal sabía que su marido había hecho todo lo posible por no dejar a un bebé en las garras del gobierno central. Kritias se había ofrecido a ser su tutor y a Boreal le hubiera encantado criar a aquella niña como una hija, pero la Federación no estaba dispuesta a otorgar tanta libertad a un ser de origen desconocido. Azul estaba condenada a ser educada por un régimen austero y disciplinario, lejos de un entorno más afectivo.

Boreal compartía el temor de Kritias, a ambos les preocupaba que la educación federativa hubiera modelado a la niña convirtiéndola en una persona fría o vanidosa, como muchos de los oficiales de la Flota federativa. Azul había pasado sus últimos nueve años en el planeta Zahirus, una cultura entera de ciborgs con emociones y sentimientos apenas existentes. Bajo semejante ambiente, lo más normal suponía pensar que Azul había crecido como un ser insensible y poco empático. Boreal imaginaba así a la joven y confiaba en que Kritias fuera capaz de encajar semejante golpe sin sentirse culpable.
Boreal había dedicado más tiempo del que creía a meditar sobre cómo sería Azul, no se había dado cuenta, como habitualmente hacía, que la luz del amanecer desaparecía para dejar paso a la iluminación artificial de la ciudad. Cuando fue consciente de ello, lo fue también de la voz de su marido que la llamaba de manera reiterativa:
-Boreal, ¿estás bien?- Boreal giró la cabeza para encontrarse a su marido mirándola con preocupación. Debía haberse levantado hacía rato, pues estaba ya vestido con la indumentaria propia del cónsul de Verbace.
-Lo siento, cariño, estaba meditando y no te escuché.- se excusó Boreal, molesta por haber estado tan absorta como para no haber oído a su marido levantarse hacía rato. Kritias sabía bien que su mujer necesitaba con más frecuencia que él abstraerse de la realidad y relajar su mente más allá de las preocupaciones cotidianas.

Era un rasgo muy habitual en las mujeres del planeta Varsagerk, más aún teniendo en cuenta que ella había estado a punto de ser una Consejera Dorada, una orden donde la meditación cobraba una importancia vital. Así que Kritias nunca se ofendía si su mujer ocupaba pequeños espacios de su tiempo común en meditar. Aunque solía ser poco habitual que a esas horas no estuviera ocupada en otro tipo de tareas, como cuidar el jardín.
Boreal ocupaba muchas horas del día en cuidar el jardín, algo que se notaba nada más echar un vistazo. Todas y cada una de las plantas lucían vivas y de una manera especial. El jardín de Boreal no era uno de esos lleno de injertos mitad biológicos, mitad mecánicos que tan de moda estaban. Quizá sus flores no eran las más perfectas y coloridas cuando brotaban, pero su auténtica naturaleza les dotaba de una belleza peculiar. El jardín de Boreal se alzaba como una visión hermosa, algo que le llenaba de orgullo a ella y a su marido.
-No te preocupes, querida, sabes que no me molesta en absoluto. Es sólo que pensé que a estas horas ya te encontraría en el jardín.
-Bueno, lo cierto es que hoy no creo que me ocupe de las plantas, al menos hasta más tarde. Tenía en mente otros planes para hoy.- Boreal arrastró sus palabras con delicadeza. No quería inquietar a su marido sin más, consciente de que él estaba acostumbrado a que ella no alterara sus rutinas sin aviso previo.
Kritias no quería sentirse alarmado por una alteración sin importancia. Pero le molestaba la idea de que Boreal modificara sus horarios justamente en aquel día que para él era tan importante. Tenía que acudir a recibir el relevo del cuerpo de guardia. Aquella mañana sería la primera vez que acudiría como testigo presencial y si lo hacía no era por otro motivo que Azul. Después de muchos años sin verla, al fin aquel día podría encontrarse cara a cara con Azul, ahora oficial de la Flota federativa. Kritias estaba ansioso por saber cómo había evolucionado la joven y sobre todo en qué tipo de persona se había convertido tras la educación de la Federación y su formación en el planeta Zahirus. Kritias miró a su mujer detenidamente, tratando de averiguar algo de su estado de ánimo por el tono de su piel.
Pero ésta lucía su azul celeste habitual, aquello era una buena señal, porque le indicaba que Boreal no se sentía especialmente nerviosa en ese momento. Sin embargo, sus ojos granates, que casi siempre devolvían la mirada se mostraban esquivos. Kritias sabía que los varsagerk no eran expertos en disfrazar emociones intensas y el cambio en su tono de piel o en sus pupilas les delataba con frecuencia. Para Kritias hubiera sido muy fácil adentrarse en la mente de su mujer y conocer qué era aquello que le afectaba y por qué había decidido variar su rutina precisamente ese día. Sin embargo, Kritias nunca leía los pensamientos de Boreal sin su consentimiento, aquello, en una relación íntima como la suya, hubiera sido un crimen. Por eso, esperó pacientemente a que su mujer le comunicara en qué se centraría esa mañana.
-Cariño.- arrancó por fin Boreal.- había pensado acompañarte esta mañana al cambio de guardia. Sé que tienes intención de acudir y sé que es porque Azul está entre los nuevos oficiales de la guardia.- Boreal recitó toda la oración de una manera rápida, nada pausada, como si no fuera ella misma la que hablara, sino más bien un mensaje previamente grabado. Se intuía que estaba esforzándose porque sus palabras parecieran triviales. Kritias recibió aquella declaración como un golpe inesperado. No sabía de qué manera reaccionar, ni qué responder. Antes de que pudiera responder, Boreal volvió a hablar, conociendo el desconcierto de su esposo.
-Me gustaría ver a Azul. Quiero conocerla.- aquello no sonó como una grabación mecánica, sino como una petición simple, formulada de una manera sincera y educada, pero que no esperaba otra respuesta que no fuera la aceptación por parte de Kritias. Sin tiempo para meditar, los labios del cónsul se aceleraron para responder sin su consentimiento:
-Sí, claro, es una buena idea.- justo después de oírselo decir, se sintió tonto. No era propio de él contestar sin pensar. Pero tampoco lo era el comportamiento de Boreal. Aunque para que ella no percibiera su propia incomodidad y tratando de no darle mayor importancia al asunto, Kritias cambió de tema al instante:
-Bueno, querida, me temo que he de atender unos trámites menores antes de irnos. Voy a mi despacho requiero usar el intercomunicador consular.- se excusó Kritias forzándose en ser convincente.
-Sí, claro.- afirmó Boreal, sabedora de que su marido se sentía presionado.- Y yo tengo que arreglarme antes de salir.- añadió mientras se señalaba la indumentaria informal que vestía, que consistía en una bata ceñida y un pantalón corto todo ello en tonos rosáceos.
Mientras se alejaba su marido y bajaba las escaleras al piso inferior, Boreal se sintió aliviada, pero también inquieta. Era una suerte para ella que Kritias, sorprendido por la petición de Boreal, no le hubiera preguntado sobre su repentino interés en conocer a Azul y el cómo sabía de su llegada.
Para Boreal, conocer a Azul se había convertido en una necesidad, más allá de un simple deseo o de curiosidad. Una necesidad imperiosa que le había impuesto la Primaria Dankina cuando le comunicó la inminente venida de la joven a Verbace. Boreal como exnovicia de la Orden seguía en contacto con las Consejeras  Doradas, vinculada a sus acciones, pese a saber que esa relación no despertaba simpatías en Kritias, poco partidario de las políticas herméticas de las Consejeras.

Dankina le pidió el favor de que le facilitara información sobre Azul, puesto que aquella joven estaba relacionada con el futuro de la Orden. La Primaria no fue más clara en sus explicaciones, pero Boreal supo entrever la importancia de aquello, Azul encerraba algo trascendental en su desconocida naturaleza. Había algo antinatural en todo aquel asunto, algo que se le escapaba y no lograba dotarlo de sentido ni con la experiencia de una mente nacida para la meditación como la suya. Quizás al ver a Azul todo le fuera explicado.


Puesto que no se trataba de un acto muy importante, Boreal optó por vestirse de una manera exenta de protocolo. Su marido no tenía más remedio que usar el uniforme consular, pero ella disponía de la libertad de su puesto, no tenía que atender ningún lazo con la Federación. Así que Boreal eligió una blusa floreada. Era su favorita, se sentía muy cómoda con ella gracias al corte cuadrado y a las mangas anchas en las que podía cobijar sus manos entrelazando sus brazos. No era especialmente llamativa y sí elegante y cálida. Para no desentonar en su conjunto optó por combinarlo con un pantalón negro apenas ceñido y unos botines del mismo color. Se sentía distinguida y discreta a la vez.
Siempre solía destacar por elegir atuendos de tonos y colores sencillos, combinados con gracia. Al contrario de su marido Kritias, que cuando no tenía que vestir el atuendo consular, optaba por unas ropas de colores llamativos, cuando no ridículos. Un defecto de Kritias que Boreal había acabado por aceptar cansada  de que su marido no estuviera dispuesto a atender sus criterios de buen gusto.

Ahora, mientras se recogía su pelo rubio en un moño, no podía dejar de descubrir en la mirada que le devolvía el espejo, claros signos de preocupación. No se permitía achacarlo al cansancio, era algo más, la idea de pensar en Azul como si de un peligro se tratara. No era justo, ni razonable pensar así, aquella joven enigmática nada le había hecho, ni siquiera la conocía aún. Pero Boreal no podía dejar de sentirse influida por las veladas palabras de Dankina. La Primaria nada le había revelado abiertamente, pero en su forma de referirse a Azul dejó de entrever una inquietud que Boreal captó al instante.

Entre tanto, Kritias en su despacho trataba de poner en orden sus pensamientos. Boreal siempre había sido cristalina para él, pero aquel día le desconcertaba su comportamiento. No entendía su imperiosa necesidad de ver a Azul, pero no se había sentido con fuerzas para negárselo. Escuchó a Boreal bajar las escaleras y aprovechó esos segundos para relajar su mente y alejar las nubes grises que amenazaban con conquistarla. Se suponía que aquel sería un día especial para el cónsul, tendría un reencuentro muy esperado por su parte.

Ambos se dirigieron al teletrasportador juntos. Era raro que Kritias hiciera uso de este medio para desplazarse, él siempre prefería caminar. Pero Boreal odiaba pasear por las calles de Verbace. En Irinia había sido, como su marido, gran amante de las caminatas, pero en un lugar como Verbace las evitaba porque le deprimía el ambiente frío y comercial propio de la capital y sus calles atestadas. Kritias detestaba el teletransportador, pero se sacrificaba por su mujer siempre que viajaban juntos. La única ventaja que le aportaba aquella mañana semejante medio de transporte, era que llegarían en un momento a su destino y no tendrían tiempo de conversar sobre nada que pudiera incomodarlos a ambos. En un día como aquel parecía lo más que se podía pedir.

Al llegar a la base de seguridad fueron recibidos por el capitán de toda la guardia, Erkines Maltés.
-Estimado cónsul Kritias. Es un placer contar con su presencia esta mañana. Aunque no deja de sorprenderme que haya decidido acudir a un simple relevo de guardia.
-Mera curiosidad, querido capitán. Llevo muchos años aquí y estimo apropiado conocer alguna de sus ceremonias militares.
-Bueno, yo no me atrevería a llamarla así, es un simple protocolo de cambio de personal.- añadió el capitán sin querer darle importancia.- Veo que le acompaña su esposa.
-Sí, ella también sentía curiosidad.- comentó Kritias de la manera más natural que pudo. Aunque no necesitó usar de su telepatía para notar el desconcierto del capitán que no acababa de entender qué interés podían tener aquellos dos civiles en un simple trámite de cambio de guardia.

Erkines Maltés pulsó su muñequera de control para proyectar una holovisión con la lista de los nuevos oficiales que estaban a punto de llegar al puerto de Urbe Relax. En realidad, el capitán sabía los nombres de memoria, pero la presencia de Kritias y su mujer le ponían un tanto nervioso y se sentía en la necesidad de demostrar lo importante que era su trabajo de aquel día. Para seguir justificando su cargo ante los dos civiles, tras repasar la lista, comenzó a dar órdenes con unos gritos desmesurados. En otras circunstancias, los oficiales que recibían sus exigentes alaridos podían haberle respondido con ciertas miradas hoscas. Pero ese día, los oficiales estaban a punto de acabar su largo turno de trabajo en Verbace, después de nueve meses les correspondían unas vacaciones lejos de órdenes y demás fatigas. Disfrutaban de un ánimo demasiado elevado como para ser alterado por los gritos de mando de un capitán con ganas de alardear. A paso ligero todos se dirigieron al puerto de aterrizaje de la nave de la flota que estaba a punto de llegar a la base.
Cuando llegaron a la entrada del puerto los oficiales que iban a abandonar Verbace se dispusieron en una ordenada fila como si estuvieran a punto de pasar revista. Verbace, con todos los avances tecnológicos de los que gozaba su capital, no precisaba de un gran número de oficiales militares de la Flota para su vigilancia.

No había más de quinientos en todo el planeta, la mayoría concentrados en la capital. El cambio de guardia de aquel día suponía que cincuenta personas se despedían de su misión en Verbace y dejaban su puesto a otras cincuenta. Lo más habitual era que nadie repitiera un destino como Verbace, no era el más popular dentro de todos los posibles escenarios federativos. Era un planeta recreativo donde no solía pasar nunca nada apasionante, todo era trabajo rutinario. No había grandes emociones, ni sorpresas, más allá de ver las garantizadas masas de turistas llegar e irse. Ningún oficial podía preferir un trabajo tan anodino ante la posibilidad de ocupar un puesto en un crucero estelar y poder viajar por todo el universo.

Tras un par de minutos de tensa espera, a lo lejos pudo divisarse el módulo de transporte acercándose. Era un vehículo funcional cilíndrico y acabado en una cabina triangular desde la que un piloto podía manejar aquel transporte sin peligro. Tenía a ambos lados unas alas estrechas que podían plegarse a conveniencia. Toda su carrocería estaba cubierta del característico gris oscuro propio de cualquier nave militar de la Flota federativa. No era un vehículo muy rápido, ni robusto. Su única misión era transportar personas o cualquier otro tipo de carga desde una gran nave estelar hasta una base como el puerto de Verbace. No podía pedírsele la misma elegancia, ni por supuesto la grandiosidad de un crucero estelar.

Una pequeña ventana de la cúpula de la capital se abrió en el cielo. Desde donde estaban Kritias, Boreal y el resto de espectadores era imposible apreciarlo. El puerto de la ciudad disponía de una abertura en la gran cúpula que permitía aterrizar a toda nave que llegara hasta allí. No era el único modo de entrar en la ciudad, pero sí el más directo. Aunque no cualquier nave podía aterrizar en el puerto, se requerían de protocolos de seguridad que la Federación no entregaba generosamente. La masa de turistas que llegaban a la ciudad no acostumbraban a ser transportados de aquella manera, sino a través de las vías subterráneas, una vez que sus naves habían aterrizado fuera de la cúpula.

El transporte de la nueva guardia aminoró su marcha y se dispuso a un suave descenso horizontal hacia el puerto. Para ello, hizo uso de sus alas extendiéndolas a lo ancho y de un tren de aterrizaje con seis parejas de ruedas que acaba de emerger. La ventaja de ser una nave de transporte rudimentaria era que hacía un ruido de lo más soportable. No tardó mucho en posarse en la plataforma asignada. En apenas unos minutos se prepararon los dispositivos de seguridad del anclaje. Los motores se pararon en seco y no tardaron en abrirse las compuertas.

En fila ordenada descendieron todos los ocupantes de la nave, a excepción del piloto que permaneció en la cabina ajustando los controles para el despegue con sus nuevos pasajeros, no tardaría mucho en volver a izarse. Los cincuenta nuevos oficiales marcaban un paso rápido y marcial, sin esperar a que el capitán del puerto así se lo indicase. Pronto la fila se detuvo y los oficiales se dispusieron en formación esperando a que les pasaran revista. El capitán, antes de inspeccionar a sus nuevos subordinados, ordenó subir al transporte a los que habían de irse. No tenía sentido retenerles por más tiempo, estaban ansiosos por partir. No era de extrañar que tardaran menos en abordar la nave, que lo que tardaron sus compañeros en bajar de ella ordenadamente.

Kritias y Boreal estaban impacientes por acercarse a los nuevos oficiales y poder ver a Azul. Desde la distancia lanzaban miradas furtivas tratando de adivinar qué rostro era el de la joven. Pero no sabían cómo era físicamente y en la nueva guardia había al menos quince mujeres que podían coincidir con la edad de Azul, Verbace siempre se nutría de oficiales jóvenes. Kritias sabía que más de cerca podría identificar a Azul fijándose en su uniforme. No es que éste difiriera del resto de sus compañeros. Todos los oficiales de la flota vestían un atuendo en tonos gris acero, que se componía de un pantalón y una chaqueta de corte militar, acompañados de una boina marcial que rara vez llevaban puesta, aunque sí se hacía necesaria para pasar revista. El calzado eran unas simples botas negras de cordones. Todos llevarían a la altura del hombro derecho la insignia de la Federación: el círculo que representaba el planeta de Irinia y sobrepuesta la media luna terráquea y, a su vez, ambos cuerpos celestes estaban circunvalados por cuatro anillos con pequeñas estrellas.

Pero sólo Azul llevaría bajo la insignia de la Federación el pequeño escudo zahiriano en forma de zeta eléctrica de color gris acero. Aunque los zahirianos eran integrantes de la Federación con todos sus derechos y deberes, gustaban de que los oficiales que salían de su academia llevaran el escudo de su planeta. Aunque rara vez salía de Zahirus un oficial que no fuera propiamente nativo, y era fácil distinguir a un zahiriano por su brazalete de soporte vital más allá de cualquier insignia. Pero Azul no era zahiriana y sin embargo había recibido la formación de ese planeta para ser oficial de la Flota federativa, por lo que cabía esperar que llevara el símbolo de Zahirus.
El capitán hizo un gesto con la mano dirigiéndose a Kritias y a su esposa.
-Si lo desean pueden seguir mis pasos. Voy a saludar uno a uno a los nuevos oficiales.- así los tres fueron conociendo a los recién llegados. Llegando a la mitad de la formación, Kritias divisó una pequeña insignia zahiriana bajo el escudo federativo. No pudo evitar gritar en su mente el nombre de Azul. Un mensaje telepático intenso que no pasó desapercibido para la joven, que alterando su posición de mirar al frente, giró su cabeza a la derecha para mirar a Kritias.

Al cónsul le costaba ocultar su emoción mientras saludaba con apretón de manos a los dos últimos oficiales que quedaban hasta llegar a Azul. Frente a ella, la presentación escueta del capitán y su saludo se le hicieron eternos, no podía esperar más para estrechar su mano. Boreal tuvo que disfrazar su nerviosismo cuando escuchó nombrar a Azul. Al instante se apresuró para estudiar su fisionomía. Pese a llevar puestas unas gafas de sol reglamentarias, podía verse en las serenas facciones de su rostro que era una joven muy atractiva. Poseía una melena negra de un brillo espectacular. Algo que no podía dejar de apreciarse aunque llevara el pelo recogido. Boreal grabó cada segundo de su examen visual, no podía dejar pasar ni un solo detalle, de alguna manera aquello era importante. Cuando Kritias la saludó estrechándole la mano, no hizo ademán alguno de conocerla, pero Boreal notó cómo su marido se demoraba más que otros en su saludo. Aunque Kritias fue el único que escuchó en su cerebro la frase que le dirigió Azul:
-Tú eres el que me trajiste.- Kritias temió por un segundo que aquella frase fuera un reproche, porque el tono neutro telepático no le hacía pensar en otra cosa. Pero al momento Azul acompañó la frase con una amplia y sincera sonrisa que evaporó el dramatismo del mensaje. Kritias se sintió feliz y tranquilo, porque esa simple sonrisa le hizo saber que Azul no tenía nada contra él, y que, además, Azul no había sufrido en su destino en Zahirus. Era una sonrisa llena de empatía alejada de la habitual frialdad zahiriana.

La sonrisa que Azul empleó para saludar a Boreal fue menos cálida. Aunque no fue este gesto el que alteró a Boreal, sino su apretón de manos. En cuanto juntó su mano con la de la joven, no pudo evitar que un conjunto de visiones proféticas golpearan su cerebro. Si hubieran sido visiones sosegadas, todo hubiera estado bajo control, pero Boreal vio mucho dolor y lágrimas al estrechar la mano de Azul, y no sólo eso, sino que también vio luchas, guerras, destrucción... Aguantó su mano tanto como pudo tratando de entender de dónde venían todas esas escenas de caos y cuál era su significado. Pero tras unos segundos de intenso sufrimiento, Boreal retiró su mano como si se estuviera quemando. Tratar de esconder su cara de horror le hubiera resultado imposible, pese a sus habilidades para la diplomacia. Azul la miró con desconcierto, y Kritias también. Boreal intentó camuflar su miedo aduciendo un ligero malestar:
-Lo siento... creo que me encuentro un tanto mareada. Me temo que no desayuné demasiado esta mañana.- era una excusa absurda y poco elaborada. Ni Kritias, ni Azul parecían creerla, pero nadie dijo nada, ni añadió más.

El capitán continúo su revista, Kritias y su mujer le siguieron. Ambos estaban muy lejos de allí, al menos sus mentes no les acompañaban. Cada uno de ellos estaba analizando a su manera la experiencia de conocer a Azul. Kritias estaba esperanzado con volver a verla en un ambiente más tranquilo y menos concurrido, para poder hablar con ella libremente. Mientras, su esposa, trataba de controlar los temblores que la acosaban y centrar sus impresiones de lo que Azul representaba en sus visiones. A sus espaldas, Azul les miraba a ambos desconcertada y esperando que su nuevo destino en Verbace no le trajera problemas.




16 comentarios:

  1. ¡Hola, guapa! En este capítulo es cuando va tomando forma todo :D
    Aiiis que ganitas de leerlo, ya queda menos.
    Un besazo.

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    1. ¡Hola, simpática! ¡Cuánta razón tienes en todo! Tengo unas ganas locas de que sigas leyendo mi novela y conociendo el resto de personajes, mundos y su desarrollo... ojalá te siga gustando la historia. Besos

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  2. Cada vez que publicas un nuevo capítulo pienso que ya no te queda nadita para ver publicada la novela. Tienes que hacer un banner chulo anunciando el lanzamiento y dejarnos ponerlo en nuestro blog. ;)
    Perdona por no pasar antes por aquí, esta semana ando un poco desconectada de la blogosfera.
    Bicos.

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    1. ¡Hola, majos! No me canso de daros las gracias por todo vuestro apoyo, grandiosa la idea del banner, espero hacerlo para septiembre, que estará más cerca la publicación y ya lejos las vacaciones (en estas fechas casi todo el mundo anda desconectado, incluida yo). Será todo un honor tener mi banner en vuestro fabuloso blog. Besos

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  3. Ya falta menos... no quiero hacer demasiadas valoraciones hasta no poder leerlo todo en su conjunto pero tiene una pintaza estupenda¡¡¡
    Seguimos por aquí animando y contagiando entusiasmo¡¡ un besazo¡¡¡

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    1. ¡Hola, guapo! Ojalá no te defraude mi historia a ti que te gusta tanto este tipo de narración. Tengo muchísimas ganas de que la leas entera y me digas, ya queda menos... Gracias por tu apoyo. Mil besos

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  4. Holaaaa!
    Pues no he leído los anteriores, pero me pondré al día y si puedo me haré con el libro.
    Yo acabo de terminar mi primera novela. A ver si tengo suerte de publicarla jajajaja
    Gracias por darnos este adelanto.
    Un besito, nos leemos^^

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    1. ¡Hola, simpática! Mil gracias a ti por pasar por mis mundos. Te deseo mucha suerte con tu novela, ya irás contándonos. ¡Nos leemos! Besos

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  5. Hola :) Ya queda poquito, los días van pasando y el momento se va acercando. Mucho animo, un besin^^

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  6. ¡Hola, majo! Muchas gracias por tu apoyo, qué ganas tengo de que lo leas. Besos

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  7. ¿Cuándo se publica esto, en octubre? Ya queda menos... Besos.

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  8. Hola preciosa!
    Este no lo he leído, pues ya queda poquito para Octubre y prefiero leérmela toda entera de una vez. Besotes

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    1. ¡Hola, guapísima! Pues espero que puedas disfrutar de la lectura de mi libro. Mil besitos

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  9. ¡Hola! Te he nominado al Liebster Award en mi blog, aquí puedes ver más información: http://escribiendodestinos.blogspot.com.es/2015/08/liebster-award.html ojalá que te animes. Un beso.

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    1. ¡Hola! Pues mil gracias por la nominación, en cuanto pueda lo hago. Besos

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