Capítulo cinco de Samidak

jueves, 17 de septiembre de 2015

Hola a tod@s, pues ya estamos en pleno septiembre y después de unos días de mucho trabajo, toca subir al blog el quinto capítulo de mi novela Azul, el poder de un nombre. Samidak.  Es el penúltimo que voy a subir al blog. Como ya anuncié (vuelvo a repetir este mensaje, lo siento si resulto pesada), cada mes publicaré un capítulo para ir abriendo el apetito lector, hasta que en octubre sea publicada ya al fin como libro (editorial Éride).  ¡Santo Cielo! apenas queda un mes para que ya mi novela salga publicada y a la venta. De todas maneras, todo aquel de vosotr@s que lo desee, puede mandarme un mail con su dirección postal y le haré llegar, de manera gratuita, la revista publicitaria de mi novela, donde aparece el adelanto de los seis primeros capítulos que voy a ir colgando aquí mismo. Siempre es más cómodo leerlo en papel, así que os invito a que os animéis a pedirme esta publicidad de mi libro. ¡Disfrutad de la lectura!





CAPÍTULO CINCO. EL CAPITÁN LÁZARUS

El capitán Lázarus Roberts se despertó muy contento aquel día. Y el motivo no era la mujer con la que había pasado la noche y que aún dormía serenamente en la cama. Aquella belleza rubia, la sargento Mercis Eagle, había sido una de sus conquistas más arduas. Le había supuesto más de dos meses de constante persecución hasta que cayó al fin bajo los encantos del capitán. No estaba acostumbrado a dedicar tanto tiempo a una mujer. El era un conquistador nato, podía conseguir con facilidad a toda la que se propusiera. Su vida sentimental era intensa y frívola, no se veía forzado a cumplir con una mayor moralidad al respecto. Tampoco prometía a sus amantes otro trato del que les daba. No tenía porqué aceptar los reproches de nadie en ese terreno.

Pero ese día no eran sus éxitos amorosos los que le rondaban la cabeza, sino sus planes a corto plazo de disfrutar de unas merecidas vacaciones después de meses de complicadas misiones a cargo de la nave Andante. Ahora le tocaba planificar sus días de ocio. Cabía la posibilidad de perderse por tierras de Calendi, un planeta que siempre le ofrecía lo que él deseaba de unas buenas vacaciones: bellas mujeres y deportes de riesgo. Todo ello bajo una discreción absoluta. Era un sitio idóneo para pasar desapercibido y a la vez sentirse como un rey. Además se ajustaba a su presupuesto, en el último año había gastado demasiado y sus fondos no estaban en las mejores condiciones. Calendi era un destino más que atractivo.
Y no sólo le hacía feliz verse en sus prometedoras tierras, también se sentía animado ante la posibilidad de que la Flota federativa le entregara a la vuelta el mando de un crucero espacial más grande. Había trabajado duro los últimos meses y había guiado bien a la Andante en las tareas acometidas. Sólo era cuestión de tiempo que la Federación le entregara el mando de un crucero estelar. Así se lo había hecho saber el almirante Drey Dralano.
-Sigue así, muchacho, y en poco tiempo serás capitán de una barcaza mayor, te lo aseguro.
-Nada me gustaría más, señor.
-No me cabe duda, pero no tengas prisa, aún eres joven, necesitas acumular más experiencia.- Lázarus se resignaba de momento, consciente de que su juventud jugaba en su contra, sólo tenía veintisiete años y era el capitán más joven de la Flota. La Federación precisaba de nuevos capitanes para cubrir las bajas y jubilaciones, no era tarea sencilla dar con un buen oficial. Pero a la Federación tampoco le agradaba acelerar el proceso de nombrar al capitán de una nave importante. Había mucho en juego si se fallaba con un nombramiento semejante. Aunque él sabía que el momento se acercaba, la Federación no habría de esperar mucho más para entregarle el mando de un crucero como la Ícaros o la Cassandra II. Se le antojaban que aquellas serían sus últimas vacaciones a cargo de la Andante. Echaría de menos una nave tan rápida y fiable, pero no podía dejar de soñar con acariciar el puente de navegación de un gran crucero.


Sus vacaciones aparecían como la promesa de que algo bueno estaba a punto de pasarle, lo presentía, aunque no podía explicarlo. Y esa sensación le hacía sentirse más que animado. El único inconveniente era que antes de perderse en Calendi, debía de atender un requerimiento de la Federación en Verbace. Una simple visita oficial, como experimentado capitán de la Flota. Tenía que viajar hasta ese planeta para hablar de su trabajo ante los oficiales federativos que velaban por la seguridad de Verbace. Debería narrar sus misiones a simples novatos o a políticos de la Federación, como el gobernador del planeta o algún cónsul.
Además, Verbace no era un planeta que le resultara atrayente. Era un lugar demasiado bullicioso hasta para su gusto; asaltado por miles de turistas a diario que peregrinaban hacia allí como si fuera el paraíso. Un sitio para pasarlo bien con su enormes complejos de juego y ocio, pero para las apetencias de Lázarus demasiado poco sofisticado y muy masificado.
No le quedaba más remedio que empezar a arreglarse para dirigirse al puerto, no quería llegar tarde a su cita con Verbace. El espejo del baño le recordó que la noche anterior no había dormido demasiado. Bajo sus ojos de una castaño claro se perfilaban unas ojeras, nada que no pudiera hacer desaparecer la ducha hidroreparadora de aquella habitación. Su aspecto luciría fresco y saludable al momento, mostrando las facciones atractivas en un rostro perfectamente tallado.

Su belleza natural era innegable, algo que llevaba en los genes, herencia de su madre. Su cabello de un negro acentuado respondía al mismo tono que el de su padre. Si bien en él su corta melena, alejada de los cortes de pelo más exiguo y serios de otros capitanes, destacaba sobre manera. Además, él se había preocupado por mantener su cuerpo firme y musculoso. No era de extrañar que su presencia llamara la atención allí donde acudiera. Impresionar a la gente era algo a lo que estaba acostumbrado.

Tras una buena ducha, vistió su traje de gala de capitán, una levita azul marino adornada con botones dorados y las condecoraciones propias que Lázarus había cosechado en sus misiones. Acompañaban al conjunto unos pantalones negros de pinzas y unos zapatos también negros y recién lustrados. Se acopló su gorra de plato y se despidió de su propio reflejo en el espejo antes de recoger su escaso equipaje y dirigirse al puerto. No se molestó en decir adiós a Mercis Eagle.

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En el puesto central de seguridad de Verbace había más alboroto que de costumbre aquel día. Los oficiales al mando no dejaban de comentar que el canciller de la zona iba a estar en persona en la gran fiesta de la Consagración de aquel año. Normalmente no dejaba de ser una festividad más en aquel planeta moldeado para todo lo festivo. Pero nunca, hasta aquel año, se había preparado con tanto esmero la fiesta. Prometía ser un gran espectáculo con un enorme derroche de fondos por parte de la Federación. Todo para celebrar el cincuenta aniversario de aquel gran complejo turístico. Sería un festejo para no perderse, porque además de los mecanismos habituales que se pondrían en juego, acudirían numerosas personalidades de la Federación. Ese tipo de celebridades y gentes distinguidas con las que no estaban acostumbrados a encontrarse los simples guardias de Verbace.

-Dicen que el capitán Lázarus Roberts está invitado.- comentó una de las oficiales más jóvenes mientras mostraba una sonrisa abierta y cómplice al resto de los presentes.

-¡Lázarus Roberts! es sólo un pretencioso como todos los persolianos. No sé cómo se ha ganado la fama de buen capitán.- escupió con suspicacia el cabo Sométer que hasta entonces había estado jugueteando con los mandos de la consola del sector siete, sin prestar gran atención a la amena charla del resto de oficiales. Pero en cuanto escuchó nombrar a aquel capitán, saltó como un resorte sorprendiendo a los demás.

-¿No será que estás celoso de no ser la mitad de atractivo que él?- comentó el cabo Dimitrius con una sorna que no se molestó en encubrir. Sométer le cruzó con una mirada salvaje capaz de hacer temblar a muchos hombres. Dimitrius advirtió lo mucho que había metido la pata y se amedrantó, pensaba que Sométer iba a liarse a puñetazos con él allí mismo. Pero el cabo sólo le atacó con unas palabras:
-Cuanto te robe a tu querida novia, seguro que no tienes ganas de burlarte de nadie.- El ambiente distendido del puente se congeló en un instante. Justo entonces la sirena anunció la llegada del capitán Erkines Maltés. Cada uno de los oficiales se apresuró a adoptar una postura que indicara que estaban atentos a su puesto de trabajo. La cháchara sobre la fiesta cesó como si nunca hubiera existido, así como cualquier comentario sobre el capitán Lázarus Roberts. El capitán Maltés venía acompañado de Azul, lo que ya no causaba desconcierto alguno.

Si bien a los oficiales más veteranos de Verbace les había sorprendido la decisión del capitán de nombrarla sargento y primer oficial, dando el relevo al anterior en el cargo, Sirvi Tarmar, un curtido oficial federativo. Azul era aún inexperta, o así la veían muchos considerando su juventud y que llevaba poco más de dos años en servicio, los mismos que cumplía como oficial en Verbace. Se hacía difícil verla como la mano derecha del capitán, su persona de confianza para quedarse al mando de toda la seguridad del planeta cuando Erkines no estuviera presente. Se suponía que ese cargo de privilegio en la guardia de Verbace le correspondería al cabo Sométer, que, sin embargo, tuvo que ver como una novata le quitaba el puesto.

Sométer era un guardia más que veterano para los cánones de Verbace, sólo él y Erkines llevaban más de diez años ocupando sus puestos en aquel planeta. La mayoría de los oficiales que pasaban por allí preferían, siempre que podían, no hacer más de dos o tres servicios. Había misiones más interesantes en los territorios federativos para ser atendidas. Además el sueño de todo oficial era formar parte de la tripulación de un crucero estelar de la Flota. Sométer también había codiciado semejante puesto, pero la Flota le había catalogado tiempo atrás como "no capacitado", siguiendo los resultados de sus exámenes previos. Relegado al servicio terrestre en un planeta como Verbace lo único que podía ambicionar era el grado de primer oficial al mando.
Pero ese honor le fue robado por una joven de la que nadie apenas sabía nada, se decía que su planeta de origen era desconocido, aunque había recibido formación militar en Zahirus, algo más que desconcertante. Era tan extraña como extraordinariamente hermosa. Poseía una belleza tan singular, que se hacía imposible observar sus intensos ojos azules sin sentirse cautivado. Muchos eran los que se veían obligados a desviar la mirada, incapaces de mantener los ojos en ella. Se antojaba como contemplar un fantasma, un ser irreal, parecía imposible admirar una belleza tan pura sin sentirse perplejo.

Ella misma se sabía consciente de su propia naturaleza y del modo en que los demás la miraban de reojo. Desde que alcanzó la plena juventud su físico había experimentado un cambio notable, se le hacía complicado esconder ante los demás sus formas esculturales y sus cautivadoras facciones. Fuera de Zahirus todo era más complicado. Los zahirianos se regían por emociones básicas y la veían físicamente como una más. Pero en cuanto se incorporó a la Federación como oficial se le hizo patente como era admirada y envidiada por su físico. Se le antojaba una suerte que el poco favorecedor uniforme de la Flota ocultara sus formas. Además, siempre que la normativa no se lo impedía solía camuflar sus ojos tras unas gafas de cristales oscuros y disimular su radiante melena bajo la gorra militar con un recogido.

Sométer había sido uno de tantos embelesados con su hermosura. Pero ella había rechazado sus halagos e insinuaciones. Sométer sospechaba que Azul había engatusado al propio capitán Erkines y por eso éste le había concedido tantos privilegios. Pero ella estaba al margen de todo eso, no mantenía ningún tipo de relación amorosa con nadie, ni parecía estar interesada en ello, poseía un carácter extremadamente introvertido. Era raro verla relacionarse en Verbace con alguien más que el capitán Erkines o el cónsul Kritias, y siempre de una manera fraternal.
Más que el físico de Azul, al capitán Erkines le atraía de ella su capacidad resolutiva. Así como admiraba su experta formación de combate. Dentro de la Federación era raro encontrar un auténtico guerrero, se prefería que los oficiales usaran su inteligencia en artes más nobles. Pero el capitán Erkines era un romántico, adoraba la lucha con espada, una disciplina tradicional que sólo se potenciaba en unos pocos planetas federativos, como Zahirus. Ni siquiera los zahirianos la usaban en sus batallas o combates reales. El arte de la espada estaba relegado al simple entrenamiento, un deporte marcial para fomentar la formación militar. Sólo pueblos más salvajes como los cthulkugs portaban armas blancas en sus enfrentamientos. Se creía que los pélagos seguían adorando el uso de la espada, pero la Federación no tenía una clara constancia de ello, hacía muchos años que no tenían contacto alguno con el Imperio Pélago.

Ver ejercitarse a un buen esgrimista era un espectáculo inigualable para Maltés. Azul danzaba con la espada de una manera tan estética e íntima que pareciera que ella y el arma fueran un sólo ser indivisible. El capitán Maltés se había batido con ella en varias ocasiones mientras entrenaban en el gimnasio, pero jamás había estado cerca de ganarle. Apenas era capaz de mantener combate con ella más de cinco minutos. En realidad, nadie podía.
Sométer se tuvo que tragar su orgullo cuando cayó de bruces, tan grande como era, al enfrentarse a ella en un combate de entrenamiento. Y esa era otra de las cosas por las que Sométer despreciaba a Azul, aquella mujer tenía más fuerza y destreza que cualquier oficial de la base. De hecho poseía más que todos los oficiales juntos, por mucho que a la mayoría no le gustara admitirlo. No era de extrañar que por todo ello, así como por su carácter asocial no contara con muchas simpatías entre los oficiales de Verbace. La admiración que despertaba se mezclaba con una fuerte envidia, alejando a la gente de ella. A Azul tampoco le importaba demasiado, no necesitaba a nadie para sentirse bien, estaba acostumbrada a la soledad. Además en Verbace contaba al menos con la amistad férrea de Kritias y de su capitán, un cariño mayor que el que había recibido en otros rincones de la Federación.
El capitán Erkines fue recibido con un sonoro saludo por parte de los oficiales del puente, el mismo saludo que transmitieron a Azul pero con menos sonoridad. Estaba familiarizada con ese tipo de trato, prefería ignorar que muchos oficiales no eran nada corteses al dirigirse a ella. Tras años con los zahirianos se había habituado a ser recibida con un trato frío y militar, aunque los ciborgs nunca le transmitían la energía negativa con la que solían recibirla el resto de oficiales de Verbace.

El capitán echó un vistazo general al puente y a sus oficiales. No se sentía muy contento con lo que veía. Sométer y el resto de los guardias no eran los oficiales más prometedores de la Federación. Eran poco inteligentes, no muy respetuosos y un tanto perezosos. Pero Erkines estaba acostumbrado a tener a gente así bajo su mando. Verbace era un destino que nadie solicitaba por gusto. La Federación recurría a oficiales novatos o faltos de talento para cubrir los puestos de guardia de aquel planeta.
Azul era una excepción. La Federación la había confinado en semejante destino sabiendo que un ser ajeno como ella no podría hacer mal en Verbace. Ocuparía un puesto poco relevante y sencillo de desempeñar, ideal tras su formación militar en Zahirus. Verbace estaba muy lejos de ser el centro neurálgico de la Federación, su importancia como planeta era mínima en el orden general. El lugar perfecto para acomodar a alguien como Azul. Ahora que era una persona adulta y responsable, los altos cargos federativos que aún se sentían incomodados por su naturaleza desconocida, ya no podían moverla de orfanato en orfanato. Los zahirianos, al parecer, habían conseguido dominar su carácter arisco y rebelde y la habían convertido en un miembro provechoso dentro de la sociedad. Pero muchos aún desconfiaban de ella.

El capitán Erkines se sentía disgustado al ser testigo de cómo la Federación relegaba a alguien brillante como Azul a un puesto mediocre. Una oficial como ella podía ser más útil y sobresalir en misiones de gran importancia. Pero nadie en la Flota atendía a sus informes sobre ella, ni daban crédito a sus recomendaciones. Hacía tiempo que el capitán había exigido al almirante Hellmand una explicación de por qué Azul no era destinada a otro lugar que no fuera Verbace. El almirante, que siempre se había caracterizado por ser un hombre cordial y afable en su relación con Erkines, se limitó, en ese caso, a mandar un escueto mensaje por el intecomunicador:
-El destino de Azul es Verbace y nunca será otro.- Después de escuchar aquello y conociendo parte del expediente secreto de Azul, la lógica militar de Erkines le hizo comprender que no debía insistir más en el asunto.
Por otra parte, aunque la Federación decidiera desperdiciar el talento de Azul, él podía usarlo en Verbace, aunque fuera en tareas de categoría menor.

-Sé bien que todos ustedes están ansiosos ante la fiesta de la Consagración.- dijo el capitán aquella mañana dirigiéndose a los oficiales del puente.- Todos han solicitado permiso para acudir, pero como comprenderán, algunos de ustedes han de quedarse de guardia. Sométer, usted habrá de estar al mando ese día de esta sección junto con la cabo Kattalia.- Sométer torció el gesto contrariado. Había deseado poder asistir a la fiesta aquel año, no esperaba que el capitán le arruinara sus planes de diversión. Pero prefirió no decir nada.
El capitán se despidió de todos de la misma manera concisa con la que les había saludado y salió del puente seguido de Azul. Ella aborrecía las fiestas de Verbace. Se sentía estúpida y fuera de lugar cuando el capitán la obligaba a hacer acto de presencia en alguna de estas celebraciones. Confiaba en que durante la Consagración el capitán no le reservara el papel de relaciones públicas o algo por el estilo. Esperaba librarse del evento estando de guardia. Meditaba la idea cuando se vio golpeada por las palabras del capitán:
-Espero que usted me acompañe en la fiesta de la Consagración, necesito de mi primer oficial como apoyo a la hora de tratar con los invitados más ilustres.- Erkines pronunció estas últimas palabras con sorna. Sabía que a la fiesta de ese año iban a acudir muchos altos funcionarios, y otras personalidades importantes dentro de la Federación. El tipo de personajes con el que nunca se sentía a gusto. Tener cerca a Azul para compartir semejante tediosa labor, le hacía sentirse más relajado. Sabía que ella misma tampoco se encontraba bien en el ambiente de las fiestas, pero debía ganar experiencia en ese tipo de desempeño. Era probable que en el futuro Azul ocupara en Verbace el puesto del capitán Erkines.

-¡Vamos, no ponga esa cara de desdicha! Quizá esta fiesta no sea tan insufrible como otras. Tal vez hasta conozca usted a alguien interesante. Creo que le convendría relacionarse más con la gente, ampliar su círculo de amigos... ya sabe.- Erkines no podía dejar de sentirse como un anciano padre al aconsejar de aquella manera a Azul. Pero le preocupaba bastante que la joven no tuviera amigos entre el círculo de oficiales de Verbace. En realidad tampoco parecía tenerlos en cualquier otro ambiente. Por lo que él podía saber no mantenía ningún tipo de relación con nadie, ni sentimental ni de amistad. Tan sólo solía tratar con el cónsul Kritias y con él mismo. Una joven tan dotada y tan hermosa no tendría por qué tener problemas para acercarse a los demás. El capitán Erkines nunca había sido un gran experto en relaciones humanas y emociones, su pensamiento estrictamente marcial le hacía sentirse torpe manejándolas. Él se caracterizaba por ser una persona flemática y reservada. Era poco diestro a la hora de tratar una situación como aquella. No sabía muy bien cómo ayudar a Azul y hacer que se sintiera mejor.
-Lo más aconsejable que puede hacer es buscarse un bonito traje para la ocasión. No se le ocurra venir con su uniforme militar de gala como la última vez. Póngase guapa y trate de disfrutar del momento.- las últimas palabras salieron de la boca del capitán sin control, se sintió un tanto ridículo al pronunciarlas. Azul le miró con un grado de desaprobación en sus ojos. Estaba dispuesta a acudir a la fiesta de la Consagración si no había más remedio, pero no se pondría ningún vestido, ni por el capitán, ni por nadie.

  

¡Ganadora del segundo sorteo!

lunes, 14 de septiembre de 2015


Bueno, gente, pues al fin llegó el día del resultado del segundo sorteo. Antes de nada quiero agradecer a todo el mundo que ha participado en él su interés y que formaran parte de mis mundos. 
No será este el último sorteo de nuestro blog; el próximo, para el mes de octubre para mí será muy especial, pues sortearé un ejemplar de mi novela, Azul, el poder de un nombre. Samidak y una camiseta también. Y es que hay que celebrar que ya estará a la venta mi libro, esperando que muchos seáis los lectores que disfrutéis de su lectura. Y sin más preámbulos, la ganadora de un ejemplar de Opossition y una camiseta de Azul, el poder de un nombre es:



                          SILVIA TORRES DEL BLOG HAPINESS LIFE




¡Enhorabuena! Para reclamar el premio manda un e-mail al correo: elpoderdeunnombre@gmail.com con tu dirección postal para poder enviarte el libro.

Si a lo largo de la semana no recibimos el correo tendremos que resortearlo, así que tienes hasta el domingo por la noche para ponerte en contacto.



Recuento de participantes

viernes, 11 de septiembre de 2015


¡Hola a tod@s! Ante todo muchas gracias por la gran acogida que ha tenido este segundo concurso  de mi blog, gracias a todos los que participáis y a todos los que visitáis mis mundos. Como sabéis mi blog está dedicado a daros a conocer mi novela Azul, el poder de un nombre, que se publicará el próximo mes de octubre en la editorial Éride, y a reseñar mis lecturas, especialmente las que más me han llenado. Estoy muy contenta, pues aunque soy una novata en el mundo blogger y llevo poco tiempo, estoy conociendo a mucha gente encantadora y aprendiendo miles de nuevas cosas. Ya el próximo sorteo no será hasta bien entrado el mes de octubre, pues el premio consistirán en un ejemplar de Azul, el poder de un nombre (que estará recién publicada) y una camiseta de mi novela. Estad atentos...


Aquí os dejo la lista de participantes y los puntos que os corresponden a cada uno. Revisad si todo está correcto y no nos hemos saltado a nadie. Si no hay ningún problema, el lunes subiremos la entrada con el ganador de este primer sorteo.


  • Lo infinito 1-2
  • Cristina R. 3-4 
  • Inma Yago 5 (no encontré la publicación de twitter, lo siento)
  • Abracalibro 6-7
  • Valeria Alcarraz 8 (no encontré la publicación de twitter, lo siento)
  • MonTse 9-10
  • Happiness life 11-12
  • Sara del pozo 13-14
  • Ketymoon 15-16
  • Vey C Music 17-18
  • Ultravioleta 19-20
  • Lectora fiel 21-22
  • Marya 23-24
  • Patricia Lopez Alvarez 25-26
  • Isaura B P 27-28
  • Angeles Arca Bustelo 29



¡Mucha suerte a todos!


Revisad la lista y si hubiera algún problema de puntos o falta algún participante no dudéis en dejar un comentario, repasaremos la lista de participantes y solucionaremos el problema.

Dicho lo cuál, este lunes se publicará la resolución del sorteo por parte de la página Random.org.

De nuevo, ¡muchísima suerte a todos los participantes!

Liebster Award

domingo, 6 de septiembre de 2015




 Hola a tod@s,

Hoy os traigo una entrada especial de premio, ya que la simpática colega del blog Escribiendo destinos, ha nominado este blog para Liebster Award, así que lo primero de todo es agradecérselo, me hace mucha ilusión que se acuerden de mis mundos para estas cosas.  

Normas:

1. Agradecer al blog que te ha nominado y seguirlo.
2. Responder las preguntas.
3. Nominar a once blogs con menos de 200 seguidores.
4. Realizar once preguntas a los blogs nominados por ti.

Preguntas:


1. ¿Quién es tu personaje literario favorito?
Se me hace complicado elegir sólo uno. Hay demasiados que me enamoran: Alar Vorkosigan, Faramir, Arsenio Lupin, Lyra Lenguadeplata, Severus Snape...

2. Si pudieras eliminar para siempre una adaptación de algún libro (ya sea porque no te haya gustado o porque crees que no debería haberse adaptado), ¿lo harías? ¿Cuál?
Hay varias que son un poco nefastas, pero la peor, para mi gusto, pues es un libro que adoro, es La brújula dorada, adaptación del primer libro de la trilogía de la Materia Oscura, Luces del norte.

3. ¿Qué dos autores crees que si escribieran un libro juntos el resultado sería una verdadera pasada?
Creo que mezclaría a mis dos autoras de ciencia-ficción favoritas: C.J. Cherryh y Lois McMaster Bujold. Tanto si escriben una novela de fantasía como de ci-fi juntas, sin duda sería genial.

4. ¿Último libro que has leído? ¿Lo recomendarías?
Mi última lectura ha sido Legión del espacio de Jack Williamson, todo un clásico del space-opera. Es una historia entretenida, si te gusta el género, pero prefiero recomendar el mejor libro que he leído este año Vango de Timothee de Fombelle.

5. Las segundas partes nunca fueron buenas. Menciona una saga o trilogía en la que se equivoque esta frase.
Sin duda con El Señor de los Anillos, su segunda entrega, Las dos torres es aún más sobrecogedora, aunque aún es superada por la tercera parte del mismo libro, El retorno del rey.


6. ¿Cuál es tu portada favorita de libro?
La verdad es que no tengo una favorita, son muchas las que me gustan, igual que otras me parecen horribles. De los últimos libros que he comprado me llama mucho la atención la de The new annotated H.P. Lovecraft. Y estoy deseando ver las portadas de las nuevas ediciones ilustradas de Harry Potter.



7. Inserta el gif que quieras de una adaptación literaria.
En lugar de un gif, me permito la libertad de publicar el trailer de El marciano, una novela cuya lectura he disfrutado mucho y espero ver pronto la película en el cine.





8. ¿Género literario que odies?
No hay ninguno que odie, pero sí es cierto que de algunos no suelo leer mucho, como es el caso de la novela histórica, ya que prefiero leer ensayos cuando me interesa algún momento de la historia en particular.

9. ¿De qué libro reescribirías el final?
De unos cuantos, jajaja. Aunque el que más me decepcionó fue Sinsajo, hubiera deseado una historia menos precipitada y que la autora cuidará más a sus personajes hasta el final.

10. Mascota literaria favorita.
 No es realmente una mascota, sino más bien el alma del personaje en sí, pero no puedo evitar pensar en Pantalaimon, el daimonion de Lyra Lenguadeplata.




11. ¿Por qué lees?
Por lo mismo que respiro, porque lo necesito para sentirme viva y porque es una de mis islas de la felicidad, dentro de mi mente y de mi alma.

Voy a nominar sólo a los siguientes blogs, quien quiera es libre de hacerlo:

-Not that geek de Becca
-Erase una vez de Ray
-Mirada de arcoiris de Lidia Rosa (Skar28)
-La magia de encontrar a la Maga de la Maga
-Escritura y fotografía de, mi guapo, Jaime
-El rincón del lector de mi jovencísima y simpática blogger Natalia Bernal. 

Os recomiendo que paséis por todos ellos y os agradecería que apoyarais especialmente a Natalia, que es muy peque y un amor.

Las preguntas son las mismas que me han hecho a mí, ya que me gustan mucho las elaboradas por Escribiendo destinos, os recomiendo que visitéis su blog y la sigáis.

Premio FT

sábado, 29 de agosto de 2015


¡Hola a tod@s!

Hoy traigo una entrada ligerita, pues ando recuperándome del parón de las vacaciones y muy atareada con regresar a la rutina y, sobre todo, el trabajo de preparar la fase final de publicación de mi novela Azul, el poder de un nombre, que sacará la editorial Éride en octubre, si los plazos van según lo acordado. Os recuerdo a tod@s que podéis ya ver la ficha de mi libro en el siguiente enlace de Goodreads: Azul, el poder de un nombre. Samidak 

Aunque corta, esta es una entrada muy especial...
 
He sido nominada al premio FT, por el precioso blog FantasyViolet , de la simpática Violeta. Os recomiendo que os paséis por sus mundos y la sigáis, si no lo hacéis ya. Mil gracias, me hace mucha ilusión que se acuerden de mis mundos para este tipo de premios.


Es la primera ver que me lo otorgan y sirve para indicar la fidelidad entre los diferentes blog.


Las normas del premio son:

-Agradecer públicamente a la persona que te lo concede.

-Poner la imagen en una entrada como esta.

-Nominar a diez personas.

-Comunicar la nominación a los diez premiados.


Mis blogs nominados (todos más que recomendables):

Abracalibro de Ruth y Fran

Fervenza de verbas de Silvia

Lo que leo de Rossy


Imperfect Books de Cristina


Boy with Letters de Mangrii


Palabras Solitarias de MeriiXún



Como siempre os digo, amig@a bloggers, sois libres de hacer este premio o no. Besos a tod@s

Capítulo cuatro de Samidak

jueves, 13 de agosto de 2015

Hola a tod@s, pues ya estamos en pleno agosto y después de unos días de vacaciones toca subir al blog el cuarto capítulo de mi novela Azul, el poder de un nombre. Samidak. Como ya anuncié (vuelvo a repetir este mensaje, lo siento si resulto pesada), cada mes publicaré un capítulo para ir abriendo el apetito lector, hasta que en octubre sea publicada ya al fin como libro (editorial Éride). De todas maneras, todo aquel de vosotr@s que lo desee, puede mandarme un mail con su dirección postal y le haré llegar, de manera gratuita, la revista publicitaria de mi novela, donde aparece el adelanto de los seis primeros capítulos que voy a ir colgando aquí mismo. Siempre es más cómodo leerlo en papel, así que os invito a que os animéis a pedirme esta publicidad de mi libro. ¡Disfrutad de la lectura!





CAPÍTULO CUATRO. LA DUDA SOBRE VERBACE

En Verbace la luz del día era especial. El que lo fuera radicaba en el hecho de que no había día realmente, al menos no como ocurría en otros planetas, acostumbrados a que con la caída de su estrella solar llegara la oscuridad. En Verbace, su cielo estaba compartido por un trío de pequeñas solares que orbitaban juntas y se superponían unas a otras iluminando el planeta. Por ello, nunca caía la noche en Verbace, no de forma natural, porque el trío de estrellas solares nunca dejaba que existiera una oscuridad total.
Podía pensarse que con tres soles la luz diaria de Verbace era muy intensa, pero no, todo lo contrario. Era una luminosidad que sólo llegaba a ser intensa en los días más calorosos, poco frecuentes en cualquiera de los hemisferios de aquel planeta. Lo normal era disfrutar de una luz verde, azulada o de un amarillo vivo.

A Boreal le gustaba no levantarse muy tarde, aunque no tuviera grandes tareas que atender durante su jornada. Su forma de evocar Irinia era despertarse temprano y poder empezar el día con las primeras luces de Verbace, aquella luminosidad azul de la mañana recién inaugurada.
Boreal tenía que recordarse, pese a todos los años que llevaba con su marido en Verbace, que Irinia quedaba muy lejos de allí, pero que tampoco era tan malo su hogar después de todo. Relajarse con la luz primaria de Verbace solía ser para ella todo un ceremonial. Aquel planeta, bajo la luz azulada, se le antojaba la visión más agradable de aquel paisaje y podía decirse que suponía la luz más auténtica y verdadera que se le ofrecía durante el día.
Después de esas primeras horas de luminosidad, la cúpula que cubría Verbace se ocupaba de regir la luz de toda la colonia y de generar hasta una falsa noche con pequeños brillos a modo de estrellas lejanas.
Verbace no constituía un planeta ampliamente poblado. Sólo el diez por ciento de su territorio lo estaba, y casi toda la población, a excepción de pequeñas comarcas agrícolas aisladas, se concentraba en la capital. Esa ciudad suponía una amplia extensión donde no sólo se ubicaban edificios de viviendas y gubernamentales, sino también y principalmente, el complejo de ocio y turismo más grande de la Federación. Sólo por ello la capital había sido rebautizada con el nombre de Urbe Relax en cuanto se construyó el centro del complejo.
La capital estaba cubierta por una inmensa cúpula que permitía que sus gobernadores regularan a conveniencia la atmósfera de la ciudad. El cielo de Verbace era hermoso cuando la cúpula no parecía tan omnipresente. Boreal respiró profundamente, forzándose a no olvidar eso y sobre todo que aquel día su aburrida rutina se vería alterada.

Kritias había marcado la jornada en el calendario porque iba a llegar a la ciudad una nueva patrulla de seguridad de la Federación. Este hecho en sí mismo no era relevante, al cónsul no tenía por qué afectarle el cambio de la guardia de seguridad del complejo, no entraba en sus competencias. Sin embargo, dentro de aquella nueva patrulla había una persona que sí tenía importancia en la vida de Kritias. Una oficial recién licenciada procedente de Zahirus y que respondía al nombre de Azul.

Boreal conocía demasiado bien a su marido como para no saber que él se había preocupado de seguir durante veintiún años, la evolución de aquella niña que había recogido en el planeta Antirios. Kritias se había esforzado por mantener oculta esa pequeña obsesión ante los ojos de Boreal, a sabiendas de que ya bastante sacrificio le había supuesto a ella renunciar a su apacible hogar en Tarinia. Era consciente de que Verbace suponía el castigo que a modo de destierro le imponía la Federación por su proceder en Antirios al recoger a Azul y llevarla hasta el corazón federativo.

Kritias nunca se sintió arrepentido de haber obrado así, pero sí culpable de haber abandonado a la niña ante la Federación. Boreal sabía que su marido había hecho todo lo posible por no dejar a un bebé en las garras del gobierno central. Kritias se había ofrecido a ser su tutor y a Boreal le hubiera encantado criar a aquella niña como una hija, pero la Federación no estaba dispuesta a otorgar tanta libertad a un ser de origen desconocido. Azul estaba condenada a ser educada por un régimen austero y disciplinario, lejos de un entorno más afectivo.

Boreal compartía el temor de Kritias, a ambos les preocupaba que la educación federativa hubiera modelado a la niña convirtiéndola en una persona fría o vanidosa, como muchos de los oficiales de la Flota federativa. Azul había pasado sus últimos nueve años en el planeta Zahirus, una cultura entera de ciborgs con emociones y sentimientos apenas existentes. Bajo semejante ambiente, lo más normal suponía pensar que Azul había crecido como un ser insensible y poco empático. Boreal imaginaba así a la joven y confiaba en que Kritias fuera capaz de encajar semejante golpe sin sentirse culpable.
Boreal había dedicado más tiempo del que creía a meditar sobre cómo sería Azul, no se había dado cuenta, como habitualmente hacía, que la luz del amanecer desaparecía para dejar paso a la iluminación artificial de la ciudad. Cuando fue consciente de ello, lo fue también de la voz de su marido que la llamaba de manera reiterativa:
-Boreal, ¿estás bien?- Boreal giró la cabeza para encontrarse a su marido mirándola con preocupación. Debía haberse levantado hacía rato, pues estaba ya vestido con la indumentaria propia del cónsul de Verbace.
-Lo siento, cariño, estaba meditando y no te escuché.- se excusó Boreal, molesta por haber estado tan absorta como para no haber oído a su marido levantarse hacía rato. Kritias sabía bien que su mujer necesitaba con más frecuencia que él abstraerse de la realidad y relajar su mente más allá de las preocupaciones cotidianas.

Era un rasgo muy habitual en las mujeres del planeta Varsagerk, más aún teniendo en cuenta que ella había estado a punto de ser una Consejera Dorada, una orden donde la meditación cobraba una importancia vital. Así que Kritias nunca se ofendía si su mujer ocupaba pequeños espacios de su tiempo común en meditar. Aunque solía ser poco habitual que a esas horas no estuviera ocupada en otro tipo de tareas, como cuidar el jardín.
Boreal ocupaba muchas horas del día en cuidar el jardín, algo que se notaba nada más echar un vistazo. Todas y cada una de las plantas lucían vivas y de una manera especial. El jardín de Boreal no era uno de esos lleno de injertos mitad biológicos, mitad mecánicos que tan de moda estaban. Quizá sus flores no eran las más perfectas y coloridas cuando brotaban, pero su auténtica naturaleza les dotaba de una belleza peculiar. El jardín de Boreal se alzaba como una visión hermosa, algo que le llenaba de orgullo a ella y a su marido.
-No te preocupes, querida, sabes que no me molesta en absoluto. Es sólo que pensé que a estas horas ya te encontraría en el jardín.
-Bueno, lo cierto es que hoy no creo que me ocupe de las plantas, al menos hasta más tarde. Tenía en mente otros planes para hoy.- Boreal arrastró sus palabras con delicadeza. No quería inquietar a su marido sin más, consciente de que él estaba acostumbrado a que ella no alterara sus rutinas sin aviso previo.
Kritias no quería sentirse alarmado por una alteración sin importancia. Pero le molestaba la idea de que Boreal modificara sus horarios justamente en aquel día que para él era tan importante. Tenía que acudir a recibir el relevo del cuerpo de guardia. Aquella mañana sería la primera vez que acudiría como testigo presencial y si lo hacía no era por otro motivo que Azul. Después de muchos años sin verla, al fin aquel día podría encontrarse cara a cara con Azul, ahora oficial de la Flota federativa. Kritias estaba ansioso por saber cómo había evolucionado la joven y sobre todo en qué tipo de persona se había convertido tras la educación de la Federación y su formación en el planeta Zahirus. Kritias miró a su mujer detenidamente, tratando de averiguar algo de su estado de ánimo por el tono de su piel.
Pero ésta lucía su azul celeste habitual, aquello era una buena señal, porque le indicaba que Boreal no se sentía especialmente nerviosa en ese momento. Sin embargo, sus ojos granates, que casi siempre devolvían la mirada se mostraban esquivos. Kritias sabía que los varsagerk no eran expertos en disfrazar emociones intensas y el cambio en su tono de piel o en sus pupilas les delataba con frecuencia. Para Kritias hubiera sido muy fácil adentrarse en la mente de su mujer y conocer qué era aquello que le afectaba y por qué había decidido variar su rutina precisamente ese día. Sin embargo, Kritias nunca leía los pensamientos de Boreal sin su consentimiento, aquello, en una relación íntima como la suya, hubiera sido un crimen. Por eso, esperó pacientemente a que su mujer le comunicara en qué se centraría esa mañana.
-Cariño.- arrancó por fin Boreal.- había pensado acompañarte esta mañana al cambio de guardia. Sé que tienes intención de acudir y sé que es porque Azul está entre los nuevos oficiales de la guardia.- Boreal recitó toda la oración de una manera rápida, nada pausada, como si no fuera ella misma la que hablara, sino más bien un mensaje previamente grabado. Se intuía que estaba esforzándose porque sus palabras parecieran triviales. Kritias recibió aquella declaración como un golpe inesperado. No sabía de qué manera reaccionar, ni qué responder. Antes de que pudiera responder, Boreal volvió a hablar, conociendo el desconcierto de su esposo.
-Me gustaría ver a Azul. Quiero conocerla.- aquello no sonó como una grabación mecánica, sino como una petición simple, formulada de una manera sincera y educada, pero que no esperaba otra respuesta que no fuera la aceptación por parte de Kritias. Sin tiempo para meditar, los labios del cónsul se aceleraron para responder sin su consentimiento:
-Sí, claro, es una buena idea.- justo después de oírselo decir, se sintió tonto. No era propio de él contestar sin pensar. Pero tampoco lo era el comportamiento de Boreal. Aunque para que ella no percibiera su propia incomodidad y tratando de no darle mayor importancia al asunto, Kritias cambió de tema al instante:
-Bueno, querida, me temo que he de atender unos trámites menores antes de irnos. Voy a mi despacho requiero usar el intercomunicador consular.- se excusó Kritias forzándose en ser convincente.
-Sí, claro.- afirmó Boreal, sabedora de que su marido se sentía presionado.- Y yo tengo que arreglarme antes de salir.- añadió mientras se señalaba la indumentaria informal que vestía, que consistía en una bata ceñida y un pantalón corto todo ello en tonos rosáceos.
Mientras se alejaba su marido y bajaba las escaleras al piso inferior, Boreal se sintió aliviada, pero también inquieta. Era una suerte para ella que Kritias, sorprendido por la petición de Boreal, no le hubiera preguntado sobre su repentino interés en conocer a Azul y el cómo sabía de su llegada.
Para Boreal, conocer a Azul se había convertido en una necesidad, más allá de un simple deseo o de curiosidad. Una necesidad imperiosa que le había impuesto la Primaria Dankina cuando le comunicó la inminente venida de la joven a Verbace. Boreal como exnovicia de la Orden seguía en contacto con las Consejeras  Doradas, vinculada a sus acciones, pese a saber que esa relación no despertaba simpatías en Kritias, poco partidario de las políticas herméticas de las Consejeras.

Dankina le pidió el favor de que le facilitara información sobre Azul, puesto que aquella joven estaba relacionada con el futuro de la Orden. La Primaria no fue más clara en sus explicaciones, pero Boreal supo entrever la importancia de aquello, Azul encerraba algo trascendental en su desconocida naturaleza. Había algo antinatural en todo aquel asunto, algo que se le escapaba y no lograba dotarlo de sentido ni con la experiencia de una mente nacida para la meditación como la suya. Quizás al ver a Azul todo le fuera explicado.


Puesto que no se trataba de un acto muy importante, Boreal optó por vestirse de una manera exenta de protocolo. Su marido no tenía más remedio que usar el uniforme consular, pero ella disponía de la libertad de su puesto, no tenía que atender ningún lazo con la Federación. Así que Boreal eligió una blusa floreada. Era su favorita, se sentía muy cómoda con ella gracias al corte cuadrado y a las mangas anchas en las que podía cobijar sus manos entrelazando sus brazos. No era especialmente llamativa y sí elegante y cálida. Para no desentonar en su conjunto optó por combinarlo con un pantalón negro apenas ceñido y unos botines del mismo color. Se sentía distinguida y discreta a la vez.
Siempre solía destacar por elegir atuendos de tonos y colores sencillos, combinados con gracia. Al contrario de su marido Kritias, que cuando no tenía que vestir el atuendo consular, optaba por unas ropas de colores llamativos, cuando no ridículos. Un defecto de Kritias que Boreal había acabado por aceptar cansada  de que su marido no estuviera dispuesto a atender sus criterios de buen gusto.

Ahora, mientras se recogía su pelo rubio en un moño, no podía dejar de descubrir en la mirada que le devolvía el espejo, claros signos de preocupación. No se permitía achacarlo al cansancio, era algo más, la idea de pensar en Azul como si de un peligro se tratara. No era justo, ni razonable pensar así, aquella joven enigmática nada le había hecho, ni siquiera la conocía aún. Pero Boreal no podía dejar de sentirse influida por las veladas palabras de Dankina. La Primaria nada le había revelado abiertamente, pero en su forma de referirse a Azul dejó de entrever una inquietud que Boreal captó al instante.

Entre tanto, Kritias en su despacho trataba de poner en orden sus pensamientos. Boreal siempre había sido cristalina para él, pero aquel día le desconcertaba su comportamiento. No entendía su imperiosa necesidad de ver a Azul, pero no se había sentido con fuerzas para negárselo. Escuchó a Boreal bajar las escaleras y aprovechó esos segundos para relajar su mente y alejar las nubes grises que amenazaban con conquistarla. Se suponía que aquel sería un día especial para el cónsul, tendría un reencuentro muy esperado por su parte.

Ambos se dirigieron al teletrasportador juntos. Era raro que Kritias hiciera uso de este medio para desplazarse, él siempre prefería caminar. Pero Boreal odiaba pasear por las calles de Verbace. En Irinia había sido, como su marido, gran amante de las caminatas, pero en un lugar como Verbace las evitaba porque le deprimía el ambiente frío y comercial propio de la capital y sus calles atestadas. Kritias detestaba el teletransportador, pero se sacrificaba por su mujer siempre que viajaban juntos. La única ventaja que le aportaba aquella mañana semejante medio de transporte, era que llegarían en un momento a su destino y no tendrían tiempo de conversar sobre nada que pudiera incomodarlos a ambos. En un día como aquel parecía lo más que se podía pedir.

Al llegar a la base de seguridad fueron recibidos por el capitán de toda la guardia, Erkines Maltés.
-Estimado cónsul Kritias. Es un placer contar con su presencia esta mañana. Aunque no deja de sorprenderme que haya decidido acudir a un simple relevo de guardia.
-Mera curiosidad, querido capitán. Llevo muchos años aquí y estimo apropiado conocer alguna de sus ceremonias militares.
-Bueno, yo no me atrevería a llamarla así, es un simple protocolo de cambio de personal.- añadió el capitán sin querer darle importancia.- Veo que le acompaña su esposa.
-Sí, ella también sentía curiosidad.- comentó Kritias de la manera más natural que pudo. Aunque no necesitó usar de su telepatía para notar el desconcierto del capitán que no acababa de entender qué interés podían tener aquellos dos civiles en un simple trámite de cambio de guardia.

Erkines Maltés pulsó su muñequera de control para proyectar una holovisión con la lista de los nuevos oficiales que estaban a punto de llegar al puerto de Urbe Relax. En realidad, el capitán sabía los nombres de memoria, pero la presencia de Kritias y su mujer le ponían un tanto nervioso y se sentía en la necesidad de demostrar lo importante que era su trabajo de aquel día. Para seguir justificando su cargo ante los dos civiles, tras repasar la lista, comenzó a dar órdenes con unos gritos desmesurados. En otras circunstancias, los oficiales que recibían sus exigentes alaridos podían haberle respondido con ciertas miradas hoscas. Pero ese día, los oficiales estaban a punto de acabar su largo turno de trabajo en Verbace, después de nueve meses les correspondían unas vacaciones lejos de órdenes y demás fatigas. Disfrutaban de un ánimo demasiado elevado como para ser alterado por los gritos de mando de un capitán con ganas de alardear. A paso ligero todos se dirigieron al puerto de aterrizaje de la nave de la flota que estaba a punto de llegar a la base.
Cuando llegaron a la entrada del puerto los oficiales que iban a abandonar Verbace se dispusieron en una ordenada fila como si estuvieran a punto de pasar revista. Verbace, con todos los avances tecnológicos de los que gozaba su capital, no precisaba de un gran número de oficiales militares de la Flota para su vigilancia.

No había más de quinientos en todo el planeta, la mayoría concentrados en la capital. El cambio de guardia de aquel día suponía que cincuenta personas se despedían de su misión en Verbace y dejaban su puesto a otras cincuenta. Lo más habitual era que nadie repitiera un destino como Verbace, no era el más popular dentro de todos los posibles escenarios federativos. Era un planeta recreativo donde no solía pasar nunca nada apasionante, todo era trabajo rutinario. No había grandes emociones, ni sorpresas, más allá de ver las garantizadas masas de turistas llegar e irse. Ningún oficial podía preferir un trabajo tan anodino ante la posibilidad de ocupar un puesto en un crucero estelar y poder viajar por todo el universo.

Tras un par de minutos de tensa espera, a lo lejos pudo divisarse el módulo de transporte acercándose. Era un vehículo funcional cilíndrico y acabado en una cabina triangular desde la que un piloto podía manejar aquel transporte sin peligro. Tenía a ambos lados unas alas estrechas que podían plegarse a conveniencia. Toda su carrocería estaba cubierta del característico gris oscuro propio de cualquier nave militar de la Flota federativa. No era un vehículo muy rápido, ni robusto. Su única misión era transportar personas o cualquier otro tipo de carga desde una gran nave estelar hasta una base como el puerto de Verbace. No podía pedírsele la misma elegancia, ni por supuesto la grandiosidad de un crucero estelar.

Una pequeña ventana de la cúpula de la capital se abrió en el cielo. Desde donde estaban Kritias, Boreal y el resto de espectadores era imposible apreciarlo. El puerto de la ciudad disponía de una abertura en la gran cúpula que permitía aterrizar a toda nave que llegara hasta allí. No era el único modo de entrar en la ciudad, pero sí el más directo. Aunque no cualquier nave podía aterrizar en el puerto, se requerían de protocolos de seguridad que la Federación no entregaba generosamente. La masa de turistas que llegaban a la ciudad no acostumbraban a ser transportados de aquella manera, sino a través de las vías subterráneas, una vez que sus naves habían aterrizado fuera de la cúpula.

El transporte de la nueva guardia aminoró su marcha y se dispuso a un suave descenso horizontal hacia el puerto. Para ello, hizo uso de sus alas extendiéndolas a lo ancho y de un tren de aterrizaje con seis parejas de ruedas que acaba de emerger. La ventaja de ser una nave de transporte rudimentaria era que hacía un ruido de lo más soportable. No tardó mucho en posarse en la plataforma asignada. En apenas unos minutos se prepararon los dispositivos de seguridad del anclaje. Los motores se pararon en seco y no tardaron en abrirse las compuertas.

En fila ordenada descendieron todos los ocupantes de la nave, a excepción del piloto que permaneció en la cabina ajustando los controles para el despegue con sus nuevos pasajeros, no tardaría mucho en volver a izarse. Los cincuenta nuevos oficiales marcaban un paso rápido y marcial, sin esperar a que el capitán del puerto así se lo indicase. Pronto la fila se detuvo y los oficiales se dispusieron en formación esperando a que les pasaran revista. El capitán, antes de inspeccionar a sus nuevos subordinados, ordenó subir al transporte a los que habían de irse. No tenía sentido retenerles por más tiempo, estaban ansiosos por partir. No era de extrañar que tardaran menos en abordar la nave, que lo que tardaron sus compañeros en bajar de ella ordenadamente.

Kritias y Boreal estaban impacientes por acercarse a los nuevos oficiales y poder ver a Azul. Desde la distancia lanzaban miradas furtivas tratando de adivinar qué rostro era el de la joven. Pero no sabían cómo era físicamente y en la nueva guardia había al menos quince mujeres que podían coincidir con la edad de Azul, Verbace siempre se nutría de oficiales jóvenes. Kritias sabía que más de cerca podría identificar a Azul fijándose en su uniforme. No es que éste difiriera del resto de sus compañeros. Todos los oficiales de la flota vestían un atuendo en tonos gris acero, que se componía de un pantalón y una chaqueta de corte militar, acompañados de una boina marcial que rara vez llevaban puesta, aunque sí se hacía necesaria para pasar revista. El calzado eran unas simples botas negras de cordones. Todos llevarían a la altura del hombro derecho la insignia de la Federación: el círculo que representaba el planeta de Irinia y sobrepuesta la media luna terráquea y, a su vez, ambos cuerpos celestes estaban circunvalados por cuatro anillos con pequeñas estrellas.

Pero sólo Azul llevaría bajo la insignia de la Federación el pequeño escudo zahiriano en forma de zeta eléctrica de color gris acero. Aunque los zahirianos eran integrantes de la Federación con todos sus derechos y deberes, gustaban de que los oficiales que salían de su academia llevaran el escudo de su planeta. Aunque rara vez salía de Zahirus un oficial que no fuera propiamente nativo, y era fácil distinguir a un zahiriano por su brazalete de soporte vital más allá de cualquier insignia. Pero Azul no era zahiriana y sin embargo había recibido la formación de ese planeta para ser oficial de la Flota federativa, por lo que cabía esperar que llevara el símbolo de Zahirus.
El capitán hizo un gesto con la mano dirigiéndose a Kritias y a su esposa.
-Si lo desean pueden seguir mis pasos. Voy a saludar uno a uno a los nuevos oficiales.- así los tres fueron conociendo a los recién llegados. Llegando a la mitad de la formación, Kritias divisó una pequeña insignia zahiriana bajo el escudo federativo. No pudo evitar gritar en su mente el nombre de Azul. Un mensaje telepático intenso que no pasó desapercibido para la joven, que alterando su posición de mirar al frente, giró su cabeza a la derecha para mirar a Kritias.

Al cónsul le costaba ocultar su emoción mientras saludaba con apretón de manos a los dos últimos oficiales que quedaban hasta llegar a Azul. Frente a ella, la presentación escueta del capitán y su saludo se le hicieron eternos, no podía esperar más para estrechar su mano. Boreal tuvo que disfrazar su nerviosismo cuando escuchó nombrar a Azul. Al instante se apresuró para estudiar su fisionomía. Pese a llevar puestas unas gafas de sol reglamentarias, podía verse en las serenas facciones de su rostro que era una joven muy atractiva. Poseía una melena negra de un brillo espectacular. Algo que no podía dejar de apreciarse aunque llevara el pelo recogido. Boreal grabó cada segundo de su examen visual, no podía dejar pasar ni un solo detalle, de alguna manera aquello era importante. Cuando Kritias la saludó estrechándole la mano, no hizo ademán alguno de conocerla, pero Boreal notó cómo su marido se demoraba más que otros en su saludo. Aunque Kritias fue el único que escuchó en su cerebro la frase que le dirigió Azul:
-Tú eres el que me trajiste.- Kritias temió por un segundo que aquella frase fuera un reproche, porque el tono neutro telepático no le hacía pensar en otra cosa. Pero al momento Azul acompañó la frase con una amplia y sincera sonrisa que evaporó el dramatismo del mensaje. Kritias se sintió feliz y tranquilo, porque esa simple sonrisa le hizo saber que Azul no tenía nada contra él, y que, además, Azul no había sufrido en su destino en Zahirus. Era una sonrisa llena de empatía alejada de la habitual frialdad zahiriana.

La sonrisa que Azul empleó para saludar a Boreal fue menos cálida. Aunque no fue este gesto el que alteró a Boreal, sino su apretón de manos. En cuanto juntó su mano con la de la joven, no pudo evitar que un conjunto de visiones proféticas golpearan su cerebro. Si hubieran sido visiones sosegadas, todo hubiera estado bajo control, pero Boreal vio mucho dolor y lágrimas al estrechar la mano de Azul, y no sólo eso, sino que también vio luchas, guerras, destrucción... Aguantó su mano tanto como pudo tratando de entender de dónde venían todas esas escenas de caos y cuál era su significado. Pero tras unos segundos de intenso sufrimiento, Boreal retiró su mano como si se estuviera quemando. Tratar de esconder su cara de horror le hubiera resultado imposible, pese a sus habilidades para la diplomacia. Azul la miró con desconcierto, y Kritias también. Boreal intentó camuflar su miedo aduciendo un ligero malestar:
-Lo siento... creo que me encuentro un tanto mareada. Me temo que no desayuné demasiado esta mañana.- era una excusa absurda y poco elaborada. Ni Kritias, ni Azul parecían creerla, pero nadie dijo nada, ni añadió más.

El capitán continúo su revista, Kritias y su mujer le siguieron. Ambos estaban muy lejos de allí, al menos sus mentes no les acompañaban. Cada uno de ellos estaba analizando a su manera la experiencia de conocer a Azul. Kritias estaba esperanzado con volver a verla en un ambiente más tranquilo y menos concurrido, para poder hablar con ella libremente. Mientras, su esposa, trataba de controlar los temblores que la acosaban y centrar sus impresiones de lo que Azul representaba en sus visiones. A sus espaldas, Azul les miraba a ambos desconcertada y esperando que su nuevo destino en Verbace no le trajera problemas.




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